Al escuchar albahaca” puedes acordarte de una comida, un té de alivio, un perfume o un jabón porque la planta es olorosa, bella y con muchas propiedades. En el hogar donde actualmente me encuentro, entre la diversidad de plantas del huerto tienen tres hermosas de albahaca con flor de color morado claro y dos color oscuro.
La albahaca con su flor morada al lado de la lechuga, aquella de tallo rojo
Es importante la poda controlada de sus flores ya que es su último propósito de vida y se seca después de dar demasiada. La hoja es muy común para ensaladas, acompañante de guisados como el pesto, tés que alivian el mal estomacal, vómitos, cólicos, pero también es un excelente aromatizante.
La relación que llevo con cada planta del huerto ha dependido de la forma en que me acerco a ellas y la albahaca con su deliciosos olor me conquistó. Diariamente me asomo a olerla junto con abejas y avispas que trabajan a su alrededor.
Manojito cortado
Para no tener tanta flor que apague más rápido la vida de la planta, podé algunas de sus flores y hojas que me sirvieron para floreros aromatizantes en baños y cuartos de aproximadamente 6 días . Reconociendo cada parte de la albahaca es como la creatividad se inspira para el manojo oloroso. Se ven lindas tanto sólo flores como con algunas hojas también.
Acomodando el florero
Después de cortar y acomodar tu florero, seguro quedarán restos que ya no utilizaste. Lo perfecto del ciclo de este trato con la albahaca es que pueda ser llevada a una composta donde junto con otros deshechos orgánicos son transformados de nuevo en tierra o en abono hecho por lombrices.
Aromatizante y adorno de baño
Es una satisfacción ser parte de un circulo sustentable, armónico y hasta político con la albahaca. Dejar algunas flores ayuda para que se acerquen abejas y polinicen otras plantas como la fresa o el colish.
El ciclo terminado en la composta
Podarla para té de alivio o para no generar tanto cansancio de la planta son pretextos perfectos para seguir adornando el hogar con floreros aromatizantes. Compartir este tipo de relación con las plantas y con el huerto de casa acá en Guatemala, es parte del gusto por escribir lo que como sociedad se construye en diversos puntos del planeta.
Las diferencias nos unen y a la vez intentan separarnos. Sucede principalmente al encontrarnos con formas de pensar, sentir, conocer, disfrutar o convivir, distintas a las propias. Al estar de frente por primera vez, la curiosidad nos lleva de la mano a saber más de ese ser humano que pone el sabor de su propia realidad en el instante. Por ejemplo, una mexicana y un(a) guatemaltec@. Una humana nacida en la ciudad y un(a) human@ nacid@ en el campo. Una que pretende aprender del cultivo y un@ que trabaja diariamente con la tierra. Una que ofrece apoyo mutuo con sus experimentaciones de vida, profesión e ignorancia y un@ que está acostumbrad@ a la poca participación de “este tipo” de curiosas urbanas en su vida rural.
Toda la niebla de diferencias incómodas y dudosas dejan de existir cuando una lucha nos une: la búsqueda de una soberanía alimentaria en la forma de vida. Ahí todo intercambio es bien-venido.
Como esa mexicana, he apoyado en necesidades que surgen desde miembros del MAELA Guatemala principalmente con la Red Nacional por la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala, [REDSAG] y el Colectivo Aj Mayón. En Guatemala “antes de la invasión española había prácticas buenas y malas. Hay que recuperar las prácticas de los grupos subalternos y no de los grupos dominantes” se lee en Contra Apunte, publicación impresa de la REDSAG.
Foto: Karenina Casarín En la parcela de Don Luis en Cantel, Quetzaltenango
Como plataforma de lucha por la recuperación de antiguas y nuevas prácticas de producción sostenible e intercambio justo, esta Red realiza acciones según dos factores: el abastecimiento de sana y justa alimentación en diversas comunidades del país, y la agenda pública que afecta su cotidianidad.
Entre mis actividades, el pasado mes de marzo asistí al módulo sobre agroecología organizado por la Escuela de occidente de la REDSAG. Diversos facilitadores representantes de la Sociedad Civil en sus comunidades se organizaron para este encuentro que congregó a campesinos provenientes de zonas costeras, bosques a gran altura, zonas frías y secas o cercanas a cuerpos de agua y soberanos volcanes.
Más de cincuenta personas cargando mochilas y realidades experimentadas en el campo, se unieron para aprender de otr@s que han logrado varios resultados con la agroecología. Como práctica de agricultura orgánica se “mejora la técnica de la agricultura tradicional con aplicación de abonos naturales y recobrando la función de tocar la tierra con las manos” para no sólo proveer de alimento sino recordar la memoria ancestral del respeto a la naturaleza, según explicó el compañero Genaro Simalaj en una de las giras campesinas. Con su trabajo en una parcela de 5 cuerdas (2 mil 205 mts2) ha logrado darle crecimiento a un sistema agroforestal donde imagina tener en cierto plazo “un bosque de alimento”.
Foto: Karenina Casarín Explicación del humus de lombriz con los niños
Es así como comienza la soberanía alimentaria porque no sólo se habla de un derecho de alimento como recalcan programas de seguridad alimentaria sino “de que los pueblos tengan la libertad de decidir qué comer y cómo sembrar” recalcó Antonio González, coordinador del MAELA Mesoamérica y miembro también del Colectivo Aj Mayón. La soberanía alimentaria es un tejido de valores con la naturaleza, con la sociedad en la que vivimos y con nuestro propio cuerpo.
La naturaleza es la que nos provee de vida y no podemos pedirle alimento sano si la herimos con químicos que pueden dar mucha producción pero con pésima calidad. Un campesino de la costa mostró en esta escuela de occidente como en menos de un minuto lombrices californianas murieron con un pequeño puñito de un químico conocido como 20/20 -¿Se imaginan que es lo que le hace a todos los microorganismos que dan salud a la tierra?- Preguntó con este experimento en su propia mano.
El valor con la sociedad se adquiere al recordar el apoyo mutuo, la solidaridad, la equidad, el esfuerzo propio, la humildad y la libertad que nos hace crecer como seres humanos. Entre campesinos, urbanos, indígenas, mestizos, expertos del campo, profesionales universitarios, hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos nos vemos como iguales al recordar que todos comemos para vivir y re-unidos somos más fuertes que el propio poder de un sistema capitalista que nos oprime diariamente.
Foto: Karenina Casarín La refa refle
Sin embargo, nos hemos dejado seducir por sus trampas y con nuestra ignorancia hemos sido derrotados. Una de las actividades en la escuela de occidente fue la “refacción-reflexión”. La comúnmente llamada “refa” guatemalteca es el tentempié antes del almuerzo o cena. Los facilitadores pusieron en una mesa manzana, mango, sandía, agua de papaya, fresa, gaseosa, golosinas y bolsas de fritas para que cada quien escogiera qué consumir. “Nadie de los que estamos aquí nos escapamos de tener hábitos errados” señaló Ronnie Palacios, coordinador general de la REDSAG al reflexionar sobre este tipo de refacción donde varios aceptaron la tentación de los productos chatarra de ese sistema que nos hiere.
“Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción” dijo en el siglo XIX el luchador libertario Simón Bolívar y en la escuela de occidente realizada en la ciudad de Xela aprendimos que “los alimentos sanos al igual que la agroecología requieren tiempo, atención y persistencia porque sus resultados son profundos y positivos”. Difícil pero sí se pude lograr “desaprender el consumismo y el irrespeto a nuestra Madre Tierra” y por ello el camino a la soberanía alimentaria es una bandera de la diversidad humana que nos ayuda a recordar la libertad que deseamos para un Buen Vivir. Solo falta que esta intensión sembrada coseche logros.
En la ciudad tener lombrices como habitantes del hogar es un reto. No sólo por ubicarles el espacio, sino por los cuidados que requieren para alimentarlas, el trabajo que se invierte para mantenerlas y la necesidad de romper la estructura mental de que son un tanto feas.
Foto: Alexandra Cornejo
"Limpiando el humus"
Hace dos años comencé a experimentar compartir mi hogar con las lombrices por la oportunidad que me daban de generar tierra en ves de lixiviados. Estas bellas larguiruchas californianas transformaban en un magnifico abono el deshecho que sacábamos de la cocina, y con ello alimentábamos la tierra de flores, hortalizas y demás. En la ciudad, no generar lixiviados es el primer reto a vencer y con las lombrices en menos de 30 días tenía tierra que ponerle a mis plantas y para compartir con amig@s.
Después de varios aciertos y errores se me ocurrió no sólo compartir la tierra que generaban las lombrices –mejor conocida como humus- sino también un manual basado en la experimentación que tuve durante estos años. Este manualito lo pueden bajar en la siguiente dirección y como todo en esta vida puede ir mejorándose con sus propuestas, dudas y otras experimentaciones. El objetivo de todo esto es incitar a que más de nosostr@s logremos transformar nuestros deshechos en tierra y no en contaminación desde las urbes donde habitan la mayoría de los seres humanos.
Como parte de mi andar con las “Manos de Tierra” terminé este manual mientras le daba mantenimiento a una lombricompostera acá en Guatemala, de tres veces mas en tamaño, de la que yo hice en el patio del hogar en Guadalajara. Sigo aprendiendo de las lombrices californianas y del andar así que reitero: cualquier opinión y sugerencia es bienvenida y necesaria.
Foto: Karenina Casarín
Los chismosos del patio
Un poco de contexto:
Aprendí la técnica de la lombricomposta con Paye, un campesino de Ixtlahuacán de los Membrillos, en Jalisco México, miembro de la Red de Alternativas Sustentables Agropecuarias [RASA]. La implementación en mi casa fue basado en lo que aprendí con él, los recursos que se me facilitaban y mi contexto urbano que era muy distinto al campo, especialmente por el tiempo que podía invertirle. Espero y este manual les sirva de inspiración y provocación para tener lombrices en casa y abono en sus macetas.
A Samuel Enrique Santos no sólo su profesión como educador le hizo comenzar este proyecto, sino una profunda herida en su vida. Él observa que los beneficios hacia un desarrollo social no han sido alcanzados por cierta parte de la población guatemalteca donde la violencia, la injusticia, la pobreza y el egoísmo calan más que el frío en los huesos. Dentro de esta población existieron dos jóvenes que en el 2006 le quitaron la vida a su padre por un intento de robo con arma blanca.
Desde ese momento Samuel comenzó a desafiar este problema de la violencia en Guatemala desde lo más noble del ser humano. “Hay que tener tácticas para hacer las cosas” aseguró al describir el programa “Convivencia y valores” que organizan desde la “Asociación Integral Altruista Donando Amor” mejor conocida como Donamor. Este programa comenzará el miércoles 2 de mayo en el Instituto Rafael Aqueche, como sede de la primera edición que durará cinco meses y en donde se realizarán charlas psicológicas interactivas, talleres de enseñanza técnica y presentaciones con diversas personalidades reconocidas por sus destacadas labores en el país para que motiven a jóvenes de la ciudad de Guatemala a invertir su tiempo en herramientas útiles para su presente y futuro.
Existen casos, donde las habilidades kinestésicas son de mayor interés que las educativas, por ello el proyecto enfoca las disposiciones de enseñanza en oficios como mecánica, carpintería, herrería, belleza, reparación de computadoras u otros gustos que han identificado en estos adolescentes de 11 a 19 años.
foto: Cortesía Donamor
Como profesor de este y otros lugares educativos, Samuel cree que este tipo de programas pueden ser de utilidad para reducir los altos índices de agresividad en donde viven y que son propensos a repetir. “Hogares disfuncionales, concepción de familia perdida en la violencia, vidas en hacinamiento o en lugares como rellenos sanitarios” son contextos que hombres y mujeres en áreas rojas de la ciudad –como El Gallito, El Incienso, La Bethania; El Limón o el Mesquital- viven y muchos de ellos descargan en sus actividades diarias con actos de vandalismo.
“Como ONG promovemos la educación, los programas de desarrollo comunitario, actividades económicas para población vulnerable y con altos riesgos en su desarrollo social” (llamándole asi a quienes no son alcanzados por el trabajo del gobierno para la mejoría de la sociedad) según lo descrito por Samuel, director de esta asociación. Los miembros de la ONG creen en esta propuesta como una estrategia en contra de la violencia que se vive en le país y sin recurrir a más actos violentos como lo ha sido la militarización . Observada por algunos como locura y pre-juiciada por otros como negocio, “lejos de lo que se piensa sobre ganancias personales, los que aportan su granito de arena en esto creen que puede haber un cambio” ya que son más los intereses voluntarios que laborales, según lo que explica este guatemalteco.
A mediano plazo les gustaría implementar un instituto tipo albergue donde exista formación integral educativa y de enseñanza en oficios. “hay algunos que quieren hacer un cambio y ya habemos algunos interesados” confirmó en entrevista.
Logo Donamor
Para tod@ aquel interesad@ en participar con algún apoyo con recursos humanos, técnicas, enseñanzas, charlas, financiamiento, sedes, motivaciones o entrevistas puede buscar más información o contacto en:
Condominio Reforma. Avenida Reforma 10-00 Zona 9
info@donamorgt.org / www.donamorgt.org / www.facebook/donamorgt o con Samuel E Santos al 23395597 - 44723853
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Contexto: Durante mi estancia acá en Santiago Sacatepéquez donde estaré todo este mes apoyando en la REDSAG y en la parcela de un compañero del MAELA, supe de esta iniciativa desarrollada en la capital. Conocí a Samuel y no dudé en apoyarlo con la difusión de esta este programa, que busca resolver lo que en las sociedades urbanas hiere profundamente: la violencia.
Sigo con las manos en la tierra, sin embargo este enfoque social no pasa desapercibido en lo que voy aprendiendo en este andar pro Guatemala.
Esperen pronto otra publicación sobre mi trabajo y experimentaciones en agroecología por la soberanía alimentaria.
En idioma Kakchiquel Qat´oq´i ixoq´i es lo que en español entendemos como “apoyémonos en colectivo como mujeres”. En la Colonia San Andrés, comunidad en San Lucas Tolimán, departamento de Sololá, 25 mujeres se nombran así desde que comenzaron a reunirse en casa de Lucía Cuj.
Foto: Patricia Karenina
A las faldas del volcán Tolimán en el 2005 la tierra se escurrió destruyendo todo a su paso. Diversos poblados entre ellos la finca Pampojilá fueron golpeados después de un par de días de lluvias torrenciales. Damnificad@s y herid@s por muertes o perdidas dolorosas decidieron recomenzar en ese territorio nombrado San Andrés, que son los asentamientos de lo que quedó de otro escurrimiento de tierra en el año 1956.
El paisaje con el abuelo de fuego es un suspiro pero también requiere atención por su fuerte carácter. Sea en agua, fuego, aire o tierra, al vivir cerca de volcanes es importante no olvidar que esta vivo y reacciona. La respiración de la melancolía aun viaja en voces y muecas de los habitantes mientras que la crisis que pega en la mayoría de los seres humanos, es el antagonista principal de sus historias.
Apoyarse en colectivo es un requisito para la mayoría de las poblaciones y algunos saben que comprometerse como forma de vida es lograr sobrevivir positivamente. El Buen Vivir -término que comenzaron a trabajar los aymara y mapuches- crece al ritmo de la solidaridad, el apoyo mutuo y el respeto a lo que es diferente, por ello lograr organizarse en colectivo es un reto de constante corazón.
De origen kakchiquel, las mujeres de San Andrés en general saben tejer en telar de cintura. La mayoría desde los nueve años aprendieron este complejo arte para crear en alrededor de 15 días güipiles (blusas con tejidos) y perrajes (chales gruesos para cargar bebes u objetos pesados).
El tejido es un sacrificio. De tiempo y paciencia al aprenderlo, de atención y cuidado al perfeccionar la técnica, pero sobre todo de esfuerzo y pre-ocupación cuando se busca solventar necesidades del diario vivir.
Entre los labores del hogar -a los que le llaman oficio-, cuidar a los hijos, y resentir la crisis económica cuando sus parejas no alcanzan a abastecer para las necesidades familiares; diversas féminas mayas han tratado de vender su trabajo artístico, pero no es nada fácil. En un mundo acostumbrado a lo rápido y barato, el arte indígena ha sido desvalorizado abaratando sus costos y renunciando a facilidades para que las ventas sean directas de creadores y no de intermediarios.
Sin embargo, “Qat´oq´i ixoq´i” a partir de lo que les gusta y saben hacer, buscan opciones para lograr sustentar el alimento de sus familia y/u obtener un ingreso económico.
Observando el documental sobre Honduras.
Foto: Patricia Karenina
Desde hace mas de un año, Edgar Ixcayá un compañero miembro del Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe [MAELA] apoya a este colectivo de mujeres desde sus plataformas laborales en organizaciones guatemaltecas como la organización internacional Vecinos Mundiales y el Colectivo independiente Aj Mayón. Su intensión se vincula principalmente con los primeros pasos de la soberanía alimentaria como es un huerto de traspatio iniciando con plantas medicinales, legumbres o tubérculos y según las necesidades y recursos otros mecanismos para la alimentación. Él conoció la disposición de este grupo de mujeres y las ha estado apoyando también en las necesidades precisas de las compañeras como en el caso del tejido. Es ahí donde me propuso apoyar en algo y donde se me ocurrió crear este video. Aparte de generar una motivación de nuestras compañeras por su hermoso trabajo como mujeres y artesanas, también conocer esta realidad es un regalo.
Les comparto este video que construí a partir de una sola grabación cuando se reunieron las compañeras por una propuesta de Vecinos Mundiales para que les compartieran información sobre salud, proyectarles un documental hondureño sobre la “metodología en cadena “con la producción de pollos y registrar su trabajo para un apoyo “de una mexicana que no parece mexicana”.
La propuesta de este video es que si sabes o conoces alguna forma de apoyar el trabajo de las compañeras, te comuniques con ellas (en el video viene el teléfono para contactarlas).
Encontrar agua no es tarea de quien tiene un aparato tecnológico, nació con un don o compra un mapa de venas de agua. Encontrar agua se vuelve un logro para cualquier ser humano con la técnica del alambre que nos enseñaron en la comunidad de Choquí en Quetzaltenango.
Como parte de la semana de agroecología de la escuela de occidente, realizada del 19 al 24 de marzo en Xela departamento de Quetzaltenango, se hacen giras de campo, que son visitas a parcelas de compañeros y compañeras que han logrado resultados con procesos agroecológicos.
El Coca buscando agua
Foto: Karenina Casarín
En el tercer día conocimos esta técnica del alambre de púas para saber dónde hacer un pozo de agua. El proceso consiste en tener de 90cm. a un metro de alambre de púas, tomarlo ligeramente de los extremos con las manos y pegarlo a la altura de los riñones pero por la parte de enfrente. -Arribita de los huesitos- como describía Don César al explicarnos.
Lo que no hay que olvidar es que somos un imán de agua y por ello con pasos lentos caminamos en línea recta tratando de sentir algún movimiento del alambre mientras avanzamos. Reitero, sin olvidar dar cada paso lentamente. Si el proceso fue bien hecho y existe agua por ahí, el alambre comenzará a moverse y torcerse frente a nuestro rostro. Hay que tener cuidado de que las púas no vayan a lastimarnos ya que su movimiento suele ser brusco. Después de que se logre, sigamos caminando hasta observar cómo el alambre se destuerce para saber donde termina la vena de agua.
Esta técnica me hizo recordar el libro de Isabel Allende “Inés del alma mía” cuando ella, esposa de Pedro de Valdivia, aquel conquistador de Chile, encontraba agua con una vara. Muchos veían esto como un don pero ahora sé que sólo se requiere paciencia y observación.
Karenina se le torció
Foto: Marco Antonio
Dentro de la semana de formación, el compañero Rolando Lemus de la Asociación Plataforma Agraria mencionó algo que no hay que olvidar en este proceso de trabajar el campo mejorando las técnicas de la agricultura tradicional pero sin devastar con tecnologías químicas como lo hace la agricultura convencional. Lemus señaló que “En la agroecología se necesita perseverancia ya que lo que no funciona tiene que ser evaluado. Intentarlo una y otra y otra vez porque muchas veces tomamos estos intercambios como receta y no lo son”. Difícil reto para estos tiempos devastados por la urgencia, pensé.
Recuerdo que en noviembre que visité por segunda ocasión Guatemala conocí esta técnica en Totonicapán con los compañeros de SERJUS, sin embargo no lo logré. Pero en esta ocasión en Choquí conecté mi mente y corazón con la tierra sin pensar cómo l@s compañer@s me observaban a ver si lo lograba o no. Y así, las venas del agua se ligaron con mi agua interna reaccionando con el “torcidón” de alambre. Sé que la práctica hace la experiencia y espero pronto volver a intentarlo.
En este casi mes que he caminado con “Manos de tierra” me he dado cuenta que existen campesin@s que creen que la agroecología nos sirve porque es de lentos resultados. El gran antagonista de la agroecología es el hambre, reacción de la devastación de la Revolución Verde y no de que a la naturaleza le hagan falta recursos. Todo está enredado en las mentes de much@s campesin@s sin embargo, estos procesos de formación han regresado la esperanza a much@s de ell@s que siguen intentado o ya son ejemplo en sus comunidades de que la agroecología al ser lenta, significa que su fortaleza está en la calidad de vida, en ese Buen Vivir con armonía, no en un vivir mejor con competencia y cantidades masivas de dinero. En este camino de la soberanía alimentaria, el sistema capitalista, sus técnicas veloces y devastadoras ya no son parte de la apuesta.
En mis primeros días en Guatemala pasé varias veces de Sacatepequez a Chimaltenango para ir de casa, a la organización REDSAG. Fue ahí cuando me topé con las quemas intencionales al bosque, herido por el capricho humano de la obtención de ganancia monetaria. Días después platicando con compañeros campesinos se me quedó una frase que comparto junto con estas imágenes.
Nos sonreíamos entre nosotras. Con piel morena o clara, vestidas tradicionalmente o de manera occidental, gritando incoherencias o exigiendo justicia, vendiendo al paso de la marcha o recorriendo las calles como asistentes; como fuera y donde fuera pero todas nos mirábamos a los ojos. Tal vez porque celebrar el día de la mujer nos hacía sentirnos re-unidas, o quizá porque nos sentíamos como el latir que nació por la muerte de una parte de nosotras hace unos años, cuando mujeres fueron reprimidas en una marcha de obreras textiles al recorrer suburbios de Nueva York o cuando fueron quemadas en una fábrica por exigir sus derechos.
Basta de feminicidios, de las rutinas machistas en nuestros pueblos, de la imposición de acciones alternas a lo que no nos gusta, de no poder decidir sobre nuestro cuerpo según las leyes y no según el corazón que late dentro. Frenemos la intimidación, criminalización, persecución y asesinato de “mujeres lideresas que luchan por la defensa de la madre tierra” como describieron las compañeras de Vía Campesina en su volante repartido en las calles.
La reivindicación femenina se coloreó en mensajes como la lucha contra el sida, la exigencia de no olvidar que hubo genocidio en el país, el respeto de la diversidad de género, de las que viven en la calle, de las que son campesinas, estudiantes, trabajadoras, teatreras, bailarinas, amas de casa, niñas, abuelas, madres…
El ritmo y características de la marcha fue semejante a las que he presenciado. Las pancartas, mantas y telas diseñadas, pintadas o rayadas eran la presentación gráfica que acompañó la voz aumentada por el “altoparlante”… al que yo conozco como altavoz.
Un camión de flete vestido de consignas a favor de la mujer echaba pedos de humo negro a las compañeras. Entre su ayuda por la difusión y su mentada de madre al aire, las mujeres detrás de él no dejaban de gritar. No todo es perfecto pero ¿por qué la indiferencia de que este tipo de contaminación afecte hasta a los que –según esto- apoyamos?
Me sumé caminando en el último pedazo del recorrido para escuchar, observar, preguntar y comprender el tipo de exigencias. Todo sigue igual… y a la vez tan diferente como la misma diversidad femenina.
La vendimia. Foto: Karenina Casarín
La marcha comenzó en la torre de tribunales y terminó en el parque central con un altar entre flores, bailes, copal y vendimias. Principalmente se habló de esa estrategia nacional que no es la misma que el pueblo solicita a su gobierno. “Nuestra seguridad no es militarismo ni represión” declararon las mujeres en este día.
“Dicen que ustedes no vienen porque no existen” escuché decir a Ronnie, integrante del movimiento de Pobladores, a las mujeres curiosas que lo rodeaban. Él como otros hombres, se unieron a la marcha porque “debemos apoyar la lucha de las mujeres”. -Es el día… de las damas ¿no?- respondió un peatón sobre ese movimiento urbano del que está a favor porque “logran hacer conciencia continuamente” recalcó.
Ese mismo día en la Universidad de San Carlos Guatemala se realizó un pequeño concierto. Nos asomamos un rato, saludamos a l@s amig@s de Antonio que vendían diseños afines a la celebración del día y unos panes con carne por aquello del hambre. Conocí las instalaciones de la educación pública universitaria y su linda ciclovía de 4 kilómetros con servicio de bicicletas en renta desde el Transmetro.
Llegué pasada la tarde al hogar-laboratorio en Santiago Sacatepéquez. Con café en mano observaba la decena de volantes que me entregaron en la marcha mientras las fotos y los videos se alojaban en la computadora. Entre los papeles encontré “La Cuerda” publicación mensual que cumplió 14 años de que sus letras sobre la condición de las mujeres del territorio lleguen a 83 municipios guatemaltecos. Alojé en mi última sonrisa del día unas hermosas palabras que les comparto:
“Amo mi cuerpo como es, con sus amplias carnes y su color moreno […] Me gusta comer de lo que siembro, saber que no estoy metiéndome químicos al alma. […]amo sin complejos, sin culpas y sin miedos pero con responsabilidad”.
La cuestión universitaria Foto: Karenina Casarín
Algunas organizaciones participantes:
•Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo [CLOC] mejor conocida como Vía Campesina
•Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas [UNAMG]
•Organización de Mujeres Tierra Viva
•Colectivo de mujeres Las poderosas, teatro.
•Mujeres cooperativistas de la CONFECOOP
•REDTRANS
•Asociación Miriam. Proyecto para la promoción intelectual de la mujer
•APROFAM
•Red Guatemalteca de Mujeres Positivas [REDNOVI]
•CODEFEM
• Grupo Guatemalteco de Mujeres GGM
• Movimiento Pobladores
•H.I.J.O.S.
•Instituto Universitario de la Mujer de la Universidad
• Partido de izquierda Alianza Nueva Nación - ANN
•Movimiento jóvenes de la calle